quinta-feira, 18 de julho de 2013

quarta-feira, 17 de julho de 2013

domingo, 7 de julho de 2013

Antonio Nazzaro

 

Los vision book cuando el arte se hace contemporaneidad

 

 

Caracas - Unos de los creadores de los vision book Antonio Nazzaro, empezará el próximo viernes 12 de julio en los espacios de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), el taller de video arte:“La imagen icónica fluctuante. El video: desarrollo y videoarte”. El curso se dictará los días viernes en horario de 6:00 p.m. a 9:00 p.m. y tendrá una duración de tres meses.

Umberto Galimberti afirma, desde la página de una conocida revista italiana: “Así como el amor es la figura más fascinante y arrolladora de nuestra dimensión irracional, razonar sobre las cosas del amor significa enfriarlas o darse una razón para algún abandono repentino”.

JPEG - 4.7 KB
A. Nazzaro conferecia en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas

Parto de esta consideración y me dispongo a comentar ese enorme caleidoscopio de emociones enmarañadas que constituyen el lenguaje artístico del escritor, poeta y creador de videos “venezolano de Italia”, Antonio Nazzaro.

Porque, y que sea bien claro, cuando se habla de arte, bien visivo, sonoro o escrito, se habla siempre de amor.

Amor añadido, sustraído, ausente (por lo tanto en defecto), demasiado presente (por lo tanto en exceso que llega a ser de nuevo en defecto), amor malinterpretado, equivocado, esquivado, interpretado, proyectado, amor lejano o tan cercano que no se logra siquiera verlo. Un amor roto, discontinuo, que corre veloz, no se radica y hiere; amor que se superpone repetitivo, imaginativo, visionario, paranoico; un amor que discurre a través de encuadres veloces en el límite de lo subliminal.

Imágenes que embisten como una cachetada, que golpean y aniquilan como una descarga eléctrica, con un dolor imprevisto y fortísimo, o como una pérdida parecida a un luto que no elaborado, continúa a aullar dentro.

“El Grito” de Edvard Munch, por lo tanto, pero en una edición revisitada en el caso de Antonio, no es exactamente una calavera casi privada de signos personales la que grita, sino un niño (¿el propio Antonio?) que usando los instrumentos precisos de orden visual- literario del Antonio adulto, busca espacios, ventanas, precisamente encuadres desde los cuales asomarse y gritar, para ver, pero sobre todo para ser visto.

Entonces, en la “Consecutio temporum” imaginaria y delirante de los encuadres, recortados de citas clásicas (se va desde Dziga Vertov y el cine de los años treinta, pasando por Stan Laurel y Oliver Hardy, pasando por Kubrick, Pasolini, Fassbinder, Wenders, hasta el cine argentino contemporáneo, mezclados a clips televisivos), en el vórtice del remolino, en el carrusel enloquecido está la propuesta de un dolor que, en los trabajos de Antonio Nazzaro, se muestra obsesivo, redundante y retornante, porque privado del tiempo, congelado en la intangibilidad atemporal de un dolor que no tiene contención ni acogida, sino en su misma expresividad poética para algunos cuna natural de la elaboración del dolor.

Un dolor que envejece, quizá, en la inercia ineludible del transcurrir del tiempo, pero que permanece en su congelamiento. No madura, permanece niño.
Por analogía, pero también por contraposición, me viene a la cabeza otro ilustre creador de videos: Bill Viola.

Si en los vision book de Nazzaro hay una aceleración obsesiva, en Viola hay una lentitud exasperante: la imágen “mantra” (y recuerdo que el mantra puede ser también una única palabra repetida hasta la desaparición de la misma), la imagen que atrapa e induce a disminuir la velocidad, casi hasta frenar la carrera, a pararse, pero nunca del todo, hasta trasladarse allí donde quiere el artista: la catarsis a través de golpes de efecto, lo imprevisto que improvisadamente se desvía y se hace solución “un coup de théatre”; Viola, en su construcción pictórico-estructural, transfigura el Renacimiento italiano, mejor dicho, el Manierismo, más en el especifico Pontormo.

Por este motivo, Cesare Vivaldi, escritor, poeta, crítico literario y de arte, docente en la Academia de Bellas Artes de Roma, identificó justo en el Manierismo los señales de aquella suspensión, aquel congelamiento atemporal que desembocó, cuatro siglos después, en ese robusto movimiento que caracterizó el siglo XX: La Metafísica.

En los paisajes de De Chirico se cierne pesantemente el silencio vacío de las plazas italianas, casi hechas desiertas por un trágico éxodo silenciado; en Bill Viola las figuras se mueven al ralentí, casi frenadas por el peso de su propia existencia; en Nazzaro no, al contrario. Está el carrusel moderno y contemporáneo, estridente, contradictorio, inhumano, rebosante de un vacío sin sentido, donde la pérdida es dolor, luto; y hay confusión, compulsión, ruido, palabra, voz (esa rica, densa, cautivadora e incluso a veces átona, modulada de Ezio Falcomer) desde la cual, la imagen parece surgir; y de nuevo ruido, música perturbadora, estridente, como en un centro comercial cualquiera de la peor periferia de una cualquiera situación urbana y suburbana, en el cual se emite incesantemente música, desde luego no dirigida a reencontrarse a si mismo, a la reflexión sobre si mismo, sino a la anestesia de los sentidos, para desarrollar una compulsividad sin crítica y sin razón hacia la compra obligada. Una anestesia por lo tanto de los sentidos (justo lo contrario de la belleza), lo que no puede más que reconducir a la posterior pérdida del sentido de la existencia.

Si para Marc Augé, los “no lugares” son donde el ser humano pierde su condición de individuo, en los vision book de Antonio Nazzaro y Ezio Falcomer, todo lo que es connotado obsesionan y extrañan en su excesividad; se vacía de repente y se desvela en una dimensión, otra de la habitual y familiar: es el concepto de la memoria freudiana del “Das Unheimliche”, el “perturbador” que surge allí donde se presenta una coacción a repetir. La repetición desesperada, es decir, obsesión.

En Viola está la seguridad de un lenguaje iconográfico áulico, cierto, estratificado y consolidado por el escalafón cultural internacional, para inscribirse en un movimiento entendido como patrimonio mundial: El Renacimiento italiano.

En Antonio Nazzaro no hay más certeza que el polvo levantado (y comido) por los remolinos, vértigos desestabilizadores, que presenta la vida contemporánea, desenmascarando cada tipo de seguridad: por lo tanto, infiere, corta, vuelve a coser, descontextualiza, descoloca y subleva. Y no hay ninguna manija a la cual agarrarse para encontrar estabilidad, admitiendo que éste sea el fin último de la narración de Nazzaro.

En Viola hay un silencio eclesiástico (vista también la elección de los temas) que enfatiza las figuras en el movimiento lento; en Nazzaro, la aceleración salpica en hacinamiento por saturación (si hablara de escultura elegiría el término “acumulación”). El estrépito de las imágenes muestra lo absurdo de lo cotidiano, el camuflaje de lo anormal que pasa a través del habitual, porque compartido, “sentido” de la normalidad, pero que en realidad desemboca, como ocurre a menudo, en una monstruosa inhumanidad.

La voz inigualable de Ezio Falcomer, el “yo narrador” sin el cual, quizá, los vision book nunca hubieran nacido (en la narración se vuelve, cada una de las veces, desprovisto de tono, o canturreante, alcanza tonos agudos, casi en falsete, para después volver a caer en sonidos más viscerales); una gran capacidad interpretativa la de Falcomer que subraya y exaspera, como una tiza que chirría en la pizarra, el efecto desorientador del que los vision book son, según mi opinión, portadores.

Si Bill Viola, en sus videos, trabaja sobre la solidez de un lenguaje iconográfico consolidado, en la obra de Antonio Nazzaro y de Ezio Falcomer, se desvela sin omisiones, todo el desorden que se esconde tras lo preestablecido, a lo preconfeccionado, a lo preestablecido, desestructurando la semántica con la que y por la que dichas imágenes han nacido.

Nazzaro, por lo tanto, desvela una trampa y apunta a la solución de un equívoco de fondo.
En el recorrido callado de la alfabetización renacimental-manierista, propuesto casi como un axioma irrefutable del pensamiento único, Antonio Nazzaro opone el caso de la multiplicidad de los puntos de vista (Picasso, genialmente, ¿no propone quizá lo mismo con la irreverencia detonante del Cubismo?).

Y es en esto en lo que se lee la propuesta cultural y didácticamente alta de Antonio, y por ello le agradezco, desmontar, deconstruir, romper con valentía, humildad y honestidad intelectual, dotes que pertenecen a nuestro poeta Antonio Nazzaro, y patrimonio moral de muy pocos. Para entender, orientarse y reconstruirse dialécticamente en la dimensión caótica de lo actual.

Antonio Nazzaro, a través de su obra, es más que actual: es absolutamente contemporáneo.

Traducción al español de María de la Cruz

sexta-feira, 14 de junho de 2013

Frederico Fullfraf cobre a morte de Pablo Neruda

Fotógrafo Brasileiro cobriu secretamente morte de Neruda [Frederico Füllgraf]

Fotógrafo brasileiro cobriu secretamente morte de Neruda


Por Frederico Füllgraf

A convite de Manuel Araya - dublê de chofer e segurança de Pablo Neruda, de 1972 até o dia da morte do poeta, ocorrida em 23 de setembro de 1973 - participei como documentarista e repórter credenciado da exumação dos despojos do Prêmio Nobel chileno, em Isla Negra, Chile, no início de abril passado. Com o título “Crônica de um assassinato presumido”, minha tentativa de iluminar os bastidores históricos e políticos dessa exumação é narrada nas páginas 108-113 da edição de nº 70 (maio 2013) da revista Brasileiros, que acaba de chegar às bancas.

Faltava apenas um dia para a remessa da matéria para São Paulo, quando, guiado no Chile por teimoso instinto farejador (dizem que é “mão de anjo”), deparei-me no Google com uma foto incomum de Neruda, batida no interior do apartamento da mal afamada Clínica Santa María, de Santiago do Chile. Prova de raro respeito por direitos autorais na internet, uma página da mais recôndita província de Maule, atribuía o crédito da foto a “Evandro Teixeira”; um nome de óbvia sonância e escrita portuguesa.

Telefonema do Pacífico para o sertão da Bahia

Confesso que Teixeira não reverberou imediatamente em minha lembrança, e decidi colocar-me em seu encalço, na internet e por outros meios. Nessa busca – e há que saber buscar no Google, com palavras-chave fora do padrão – cairam em minhas mãos cinco fotos diferentes do corpo de Pablo Neruda, batidas na referida clínica, e todas de Evandro Teixeira.

Alertei minha colega Candida Tedesco, coordenadora editorial da Brasileiros, em São Paulo, ao achado e, durante alguns dias, tentei encontrar Evandro Teixeira no Brasil: primeiro através do e-mail, mas também pelo celular; contatos amealhados ao ritmo de conta-gotas em vários endereços brasileiros. No final do terceiro dia, ligando de Concepción, às margens do Pacífico, eu o localizei em Canudos, interior da Bahia, locação de uma de suas mais famosas fotos antigas: “Sertão de Canudos”. A qualidade da ligação não estava boa, mas Evandro já havia lido meu e-mail e prometeu retornar três dias depois, de volta ao Rio de Janeiro.

Baiano de Irajuba, em 1957, Teixeira iniciara sua carreira como repórter fotográfico de O Diário da Noite e O Jornal (Diários Associados), no Rio de Janeiro. Em 1963, mudara-se para o Jornal do Brasil, para o qual, viajando aos quatro cantos do mundo, ao longo de 47 anos tornara-se um dos mais respeitados fotojornalistas internacionais. Tinha recebido vários prêmios e publicado seu livro Fotojornalismo (1983), que integra o acervo da Biblioteca do Centro de Artes Georges Pompidou, em Paris.

A partir do golpe militar de 1964, Teixeira documentara a repressão da ditadura no Brasil, consagrando-se como autor de fotos históricas, como a Passeata dos Cem Mil (1968) e a resistência de trabalhadores, estudantes e artistas contra os militares. Personagem de variadas exposições individuais nas principais capitais do mundo e em várias cidades do Brasil, Teixeira, na altura de seus 70 anos de idade, ainda é um dos grandes nomes da fotografia brasileira e mundial.

A cobertura de Evandro Teixeira do golpe de Pinochet no Chile

Em meu e-mail, eu lhe pedia uma entrevista gravada em vídeo para um documentário sobre e com Manuel Araya, inciado durante a exumação de Neruda em Isla Negra, e também algumas palavras para a reportagem recém-concluída para a Brasileiros, na qual eu obviamente pretendia incluir a estória de Teixeira e suas misteriosas fotos. O pessoal da revista reagiu extasiado à ideia, embora o retorno anunciado pelo fotógrafo ameaçasse estourar o prazo para o fechamento editorial da revista.

Fruto da minha pesquisa na internet sobre Teixeira, foi uma entrevista do fotógrafo concedida em 2012 a Paulo César Boni, da UEL-Universidade de Londrina, intitulada “A fotografia a serviço da luta contra a ditadura militar no Brasil”. Nela, pela primeira vez, narrava como conseguira aproximar-se de Pablo Neruda em setembro de 1973, como enviado especial do JB para cobrir o golpe de Pinochet no Chile.

Certa noite, conta o fotógrafo, poucos dias após o golpe de 11 de setembro de 1973, fora jantar no terraço do Hotel Carrera, onde estava hospedado - o mesmo hotel, de onde o cinegrafista alemão, Peter Hellmich, filmara oculta e magistralmente o bombardeio do Palácio da Moneda.

No restaurante fora-lhe apresentada uma senhora, por coincidência, esposa de um adido militar do Chile no Brasil. A senhora passava suas horas no hotel, enquanto o marido participava do golpe. “Mas ela era paulista, gente nossa”, comenta Teixeira, irônico. Ele precisava de fotos de gente importante e mencionou Pablo Neruda. Então, como se fosse enviada pela providência divina, a brasileira lhe confidenciou um segredo: ninguém conseguiria falar com Neruda, porque estava confinado em Isla Negra, mas como estava mal de saúde, seria trazido para o Hospital “São José”, em Santiago.

O nome estava errado, não se sabe se por engano da informante, ou por esquecimento de Teixeira. Fato é que a “gente [ou agente?] nossa” era bem relacionada, e deu seu cartão de visitas ao fotógrafio. como senha para o contato com o diretor da Clínica Santa Maria.

Teixeira fora à clínica, cujo diretor o recebera, confirmando que Neruda dera entrada, acompanhado de sua esposa, Matilde Urrutía. Com um truque, Teixeira apresentara-se como “amigo” de Neruda, pois o tinha fotografado no Brasil, ao lado de Jorge Amado e coisa e tal. “O médico respondeu que não confiava muito em nós, jornalistas, não”, lembra-se Teixeira, que exagerara na dose, já afirmando ser também amigo de Matilde, ao que o médico cedera e, abrindo uma portinhola, permitira que Teixeira visse a esposa de Neruda, que saudou, desejando melhoras ao poeta.

“Já ia por a mão na câmera, mas o médico não permitiu”, conta, mas não conta se também conseguira ver Neruda. Em seguida fora mandado embora pelo diretor, que lhe prometera enviar ao hotel o boletim médico do poeta, que seria emitido às 22h00. Teixeira não menciona a data, mas só podia ser o fatídico domingo, 23 de setembro de 1973. Contudo, o relógio marcara 22h e o médico não havia enviado o boletim. Quando Teixeira lhe ligara, cobrando o boletim, o médico o surpreendera com a notícia súbita morte de Neruda.

Mal bateram 6h da manhã do dia seguinte, suspenso o toque de recolher, Teixeira retornara à clínica, escondendo sua máquina Leica debaixo da camisa. Sua visita não fora anunciada e, corajosamente, o brasileiro infiltrara-se na clínica através de uma porta dos fundos. Quando alcançara o corredor do dia anterior, viu “Pablo Neruda jogado numa sala qualquer, e a Matilde ao seu lado” – e começou a fotografar. Em seguida, dirigira-se a Matilde, jogando verde, de que era o fotógrafo de Jorge Amado, e a esposa do poeta colhera maduro, deixando-o fotografar.

Com o truque inusitado, Teixeira passara o dia 24, todo, fotografando, inclusive durante a preparação do corpo de Neruda. “Começaram a arrumar o corpo, passar formol, aquelas coisas, todas - e eu fotografando. Terminaram o preparo e colocaram o corpo num caixão - e eu fotografando. Dali ele foi levado para sua casa, que ficava no alto de uma colina, e eu fotografando tudo”. Depois, ainda com a permissão de Matilde Urrutía, acompanhou a condução do corpo até a “Chascona”, toda destruída, onde ocorreu o velório. No dia seguinte, Teixeira acompanhou Neruda até seu primeiro túmulo no Cemitério Geral de Santiago, acompanhado de milhares de pessoas, como primeira manifestação de resistência pacífica à ditadura.

Fotografias desmentem atestato de óbito de Neruda

Durante alguns dias, a revista Brasileiros e eu, à distância, tentamos negociar com Teixeira a cessão, obviamente paga, das fotos, mas com resolução mais adequada para a impressão. O fotógrafo, ao que tudo indica, não cedeu ao pedido da revista e, com excessão da foto do velório de Neruda, Brasileiros teve que abrir mão dos importantes documentos históricos.

Por que as poucas fotos conhecidas de Evandro Teixeira são importantes?

Evandro afirmou que passou o dia 24/09/1973 fotografando sem parar, na clínica citada. Devem ser muitas fotos e jamais foram divulgadas. As que seguem em anexo, junto com a entrevista que fiz por escrito com Teixeira, são apenas alguns instantâneos da morte de Neruda.

O que chama atenção nestas fotos é o seguinte: o atestado de óbito emitido pela Clínica Santa María em 24/09/1973, afirma que a causa mortis de Neruda teria sido uma "caquexia" (= estado degenerativo geral, definhamento) que o teria reduzido a "40 Kg de peso". Não é o que afirma o motorista Manuel Araya, que o deixara poucas horas antes da sua morte, afirmando teimosamente que Neruda pesava "mais de 100 kg", e embora Evandro Teixeira o tenha fotografado de perfil e enfaixado, as fotos não reproduzem um Neruda definhado. Este detalhe poderia interessar o juiz Mario Carroza, em Santiago do Chile.
Breve entrevista minha com Teixeira, 28/04/2013

(sem correção de seus erros de digitação):
"FREDERICO, SEGUEM AS RESPOSTAS:

1) Apesar da resistência do médico, não conseguiu bater nenhuma foto de Neruda ainda vivo?

ESTE ACONTECIMENTO É UM DOS MAIS IMPORTANTES QUE FAZEM PARTE DE TODAS AS COBERTURAS QUE PRESENCIEI. ESTAVA NO CHILE, EM 1973, LOGO APÓS O GOLPE MILITAR.

OS JORNAIS BRASILEIROS ESTAVAM PROIBIDOS, PELA CENSURA, DE DAREM MANCHETE SOBRE À QUEDA DE ALLENDE. ENTRETANTO, ESTANDO EM SANTIAGO, SÓ PENSAVA EM ENCONTRAR O NERUDA. POIS, EU HAVIA ACOMPANHADO SEU ENCONTRO COM JORGE AMADO , NA BAHIA. E O NERUDA, DIANTE DAQUELE CENÁRIO, REPRESENTAVA TODO O IMPACTO DO PINOCHET. MAS INVESTIGANDO E TENTANDO LOCALIZÁ-LO, SOUBE DE SUA DOENÇA. FOI ENTÃO, QUE FUI ATRAVÉS DO HOSPITAL, QUE HAVIA ME SIDO INDICADO, E ME APRESENTEI AO DIRETOR USANDO O NOME DE UMA CONHECIDA DE UMA SENHORA , CASADA COM UM MILITAR CHILENO. A TENTATIVA FOI NEGADA, MAS CONSEGUI RECEBER OS BOLETINS MÉDICOS. E, INFELIZMENTE, RECEBI A NOTICIA DE QUE ESTAVA MORTO. EM UMA NOVA TENTATIVA, ENTREI POR UMA PORTA , QUE ESTAVBA SEM VIGILÂNCIA , E , POR SORTE, VI O CORPO DO NERUDA COM SUA ESPOSA, MATILDA. FOI UM CHOQUE, MAS SABIA DA IMPORTANCIA DAQUELE MOMENTO .

2) Lembra-se das pessoas que estavam com Neruda e de algum comentário na clínica sobre a causa mortis? Alguma dúvida?

ERA UM GRANDE RISCO E SABIA QUE A QUALQUER MOMENTO, PODERIAM ME PEGAR E TUDO ESTAVA PERDIDO. COM ISSO, EU NAO PODIA CHAMAR MUITA ATENÇÃO. ME APRESENTEI COMO FOTOGRAFO QUE HAVIA ACOMPANHANDO O ENCONTRO DELE COM O JORGE AMADO. NESTE MOMENTO, GANHEI A PERMISSÃO DA SRA. MATIILDA DE ACOMPANHAR O CORTEJO ATÉ O FUNERAL.

3) Você chegou poucas horas depois do desaparecimento do chofer Manuel Araya, enviado pelo médico atendente ou Matilde Urrutia a uma farmácia: ela chegou a comentar isso com você?

NÃO.

4) A clínica informou que Neruda pesava pouco mais de 40 Kg, de tão definhado (a tal caquexia), mas em suas fotos, apesar de perfil, vê-se Neruda rechonchudo como era: em que estado você o encontrou?

ACOMPANHEI O MOMENTO EM QUE SEU CORPO FOI ARRUMADO. MAS COMO DISSE, ERA UMA TENSÃO MUITO GRANDE. ALÉM DA EMOIÇÃO QUE TOMAVA CONTA DE MIM.

5) Sabendo que suas fotos são as únicas no mundo daqueles momentos, nunca lhe ocorreu entrar em contato com o juiz Mario Carroza, e oferecer-lhe as fotos como material de investigação?

MINHAS FOTOS, INFDEPENDENTE DO TEMA, ESTARÃO SEMPRE À DISPOSIÇÃO COMO UM MATERIAL IMPORTANTE DE UM REGISTRO DE UM MOMENTO. ESTE ACERVO CHEGOU A FAZER PARTE DE UM LIVRO E FOI CONHECIDO PELO MUNDO. ESSE É O MEU PAPEL.

6) O que sentiu e pensou estes anos, todos, sobre a morte de Neruda?
PENSEI O QUE PENSO ATE HOJE. FOI UM DOS MOMENTOS MAIS MARCANBRTES DA MINHA PROFISSÃO E DA MINHA VIDA. EU CHORAVA E FOTOGRAFAVA AO MESMO TEMPO.."

sábado, 8 de junho de 2013

sexta-feira, 7 de junho de 2013

Don Mclean–American Pie

 

Don McLean's American Pie with lyrics.

A long, long time ago...
I can still remember
How that music used to make me smile.
And I knew if I had my chance
That I could make those people dance
And, maybe, they'd be happy for a while.
But february made me shiver
With every paper I'd deliver.
Bad news on the doorstep;
I couldn't take one more step.
I can't remember if I cried
When I read about his widowed bride,
But something touched me deep inside
The day the music died.
So bye-bye, miss american pie.
Drove my chevy to the levee,
But the levee was dry.
And them good old boys were drinkin' whiskey and rye
Singin', "this'll be the day that I die.
"this'll be the day that I die."
Did you write the book of love,
And do you have faith in God above,
If the Bible tells you so?
Do you believe in rock 'n roll,
Can music save your mortal soul,
And can you teach me how to dance real slow?
Well, I know that you're in love with him
`cause I saw you dancin' in the gym.
You both kicked off your shoes.
Man, I dig those rhythm and blues.
I was a lonely teenage broncin' buck
With a pink carnation and a pickup truck,
But I knew I was out of luck
The day the music died.
I started singin',
"bye-bye, miss american pie."
Drove my chevy to the levee,
But the levee was dry.
Them good old boys were drinkin' whiskey and rye
And singin', "this'll be the day that I die.
"this'll be the day that I die."
Now for ten years we've been on our own
And moss grows fat on a rollin' stone,
But that's not how it used to be.
When the jester sang for the king and queen,
In a coat he borrowed from james dean
And a voice that came from you and me,
Oh, and while the king was looking down,
The jester stole his thorny crown.
The courtroom was adjourned;
No verdict was returned.
And while lennon (lenin?) read a book of marx,
The quartet practiced in the park,
And we sang dirges in the dark
The day the music died.
We were singing,
"bye-bye, miss american pie."
Drove my chevy to the levee,
But the levee was dry.
Them good old boys were drinkin' whiskey and rye
And singin', "this'll be the day that I die.
"this'll be the day that I die."
Helter skelter in a summer swelter.
The birds flew off with a fallout shelter,
Eight miles high and falling fast.
It landed foul on the grass.
The players tried for a forward pass,
With the jester on the sidelines in a cast.
Now the half-time air was sweet perfume
While the sergeants played a marching tune.
We all got up to dance,
Oh, but we never got the chance!
`cause the players tried to take the field;
The marching band refused to yield.
Do you recall what was revealed
The day the music died?
We started singing,
"bye-bye, miss american pie."
Drove my chevy to the levee,
But the levee was dry.
Them good old boys were drinkin' whiskey and rye
And singin', "this'll be the day that I die.
"this'll be the day that I die."
Oh, and there we were all in one place,
A generation lost in space
With no time left to start again.
So come on: jack be nimble, jack be quick!
Jack flash sat on a candlestick
Cause fire is the devil's only friend.
Oh, and as I watched him on the stage
My hands were clenched in fists of rage.
No angel born in hell
Could break that satan's spell.
And as the flames climbed high into the night
To light the sacrificial rite,
I saw satan laughing with delight
The day the music died
He was singing,
"bye-bye, miss american pie."
Drove my chevy to the levee,
But the levee was dry.
Them good old boys were drinkin' whiskey and rye
And singin', "this'll be the day that I die.
"this'll be the day that I die."
I met a girl who sang the blues
And I asked her for some happy news,
But she just smiled and turned away.
I went down to the sacred store
Where I'd heard the music years before,
But the man there said the music wouldn't play.
And in the streets: the children screamed,
The lovers cried, and the poets dreamed.
But not a word was spoken;
The church bells all were broken.
And the three men I admire most:
The father, son, and the holy ghost,
They caught the last train for the coast
The day the music died.
And they were singing,
"bye-bye, miss american pie."
Drove my chevy to the levee,
But the levee was dry.
And them good old boys were drinkin' whiskey and rye
Singin', "this'll be the day that I die.
"this'll be the day that I die."
They were singing,
"bye-bye, miss american pie."
Drove my chevy to the levee,
But the levee was dry.
Them good old boys were drinkin' whiskey and rye
Singin', "this?ll be the day that I die."

Art of Emilia Wilk